GENTRIFICACION (Mercado Central-Zaragoza) (Santa Caterina Barcelona) (Mercados Madrid)


     Si el Mercado Central, a diferencia de muchos otros, sigue funcionando hoy para un espectro social muy amplio de la población, el único motivo que queda para su reforma (más allá de adaptar su infraestructura logística y mejorar su decoración) es hacer lo que se ha hecho en las principales ciudades: convertirlo en una zona de ocio que atraiga a los turistas y las clases medias/altas


. El sentido de este marketing urbano no es coherente pero sí es eficaz. Se supone (según las leyes capitalistas) que para vender más hay que ofrecer un “producto diferenciado”.

Pero convertir el mercado central en un producto consumible en sí mismo (y según los mismos “patrones de éxito” que en otras ciudades) no es precisamente un ejercicio de diferenciación, sino todo lo contrario: una homogeneización del producto (territorio) a través del marketing urbano que arrebata las zonas centrales de la ciudad a sus habitantes pobres para “devolverlas” a las nuevas clases medias, las clases creativas y los turistas

 

El Mercado Central  

 

En eso que hemos llamado “urbanismo neoliberal”, el elemento más importante es la mercantilización del espacio y su promoción en la jerarquía global de ciudades.

Dentro de este modelo, los mercados centrales han cobrado gran importancia como espacios a explotar.

Es cierto que los mercados tradicionales han sufrido bastante en las últimas décadas.

Muchos han cerrado por el desplazamiento de sus clientes hacia las grandes superficies. Ahí tenemos mercados de barrio como el de San Vicente de Paúl, que desde su reforma no ha levantado cabeza.

A finales de los años 70 se intentó derribar el Mercado Central para hacer hueco a la avenida que estaba planificada. Los urbanistas del Ayuntamiento pensaban que derribar esa infraestructura “obsoleta” y construir sobre ella era la mejor idea. 

En aquel momento, desde colectivos vecinales y otras entidades de la ciudad se articuló una plataforma que consiguió paralizar la desaparición del mercado.

Esa lucha se convirtió en una de las señas de identidad de la AVV Lanuza.

Los planes de revitalización del centro (como el comentado La cultura transforma el centro o el PICH 2013-2020) hacen hincapié en el mercado central. El PICH anuncia una partida

presupuestaria de tres millones de euros para su reforma. El ayuntamiento y algunas asociaciones vecinales apoyan la reforma porque “lo que no cambia se muere”. Sin embargo, a diferencia de lo que pasa en los mercados de barrio, las 190 paradas del mercado central siguen siendo un centro de venta para los habitantes de los alrededores y para muchos vecinos de toda la ciudad.

En el mercado central encontramos productos de muy diferentes calidades y precios que abastecen a restaurantes de alto nivel como La Matilde o a familias pobres de San Pablo. Es un punto de encuentro donde se producen relaciones sociales y donde todavía existe ese mercado tradicional que los modelos de desarrollo pretenden destruir.

Ahora nos dicen que, para no morir, el mercado central debe “adaptarse a los tiempos que corren”. Además de las propuestas desde los entornos público-privados como EBRÓPOLIS o el PICH, ha surgido un movimiento social por la transformación y modernización del mercado central impulsado por Slow Food Zaragoza y el Temple Slow. En las reuniones organizadas por estas entidades se da por consumada la muerte del mercado y se apuesta por su transformación bajo las premisas encomiables de la producción ecológica de proximidad a un “precio razonable” (pero acorde a la alta calidad del producto y, por tanto, accesible para pocos bolsillos).

Como fuente de financiación de esta reforma se pretende acceder a los fondos de la UEURBACT Markets, cuya referencia es Barcelona y que pretende “utilizar los mercados como motores para promover el empleo y a los emprendedores, la regeneración urbana y la sostenibilidad”40. En esa misma línea, desde Slow Food y el Temple Slow se afirma que la reforma no puede quedarse en el Mercado Central sino que debe ser un punto de transformación del entorno.

El desarrollo de este programa europeo en Barcelona (Santa Caterina o la Barceloneta) tuvograves consecuencias sociales y físicas, provocando un proceso de gentrificación en el Casc Antic.

Además, como en los casos citados, la reforma del Mercado Central de Zaragoza pasaría por reducir drásticamente el número de paradas del mercado de las 190 actuales a 60 (según el ayuntamiento) o 70-80 (según los propios detallistas). Con el actual proyecto elaborado por el ayuntamiento, cada detallista debería aportar unos 100.000 euros para la reforma del mercado.

El problema del coste de esta reforma es que, por un lado, solo quienes puedan pagar esacantidad estarán presentes en el nuevo mercado (en un caso típico de gentrificación comercial).

Además, para recuperar la inversión, los precios de venta al consumidor sufrirán un importanterecargo (filtrando el tipo de cliente que podrá acudir al mercado).

En Barcelona, para abaratar costes, hay supermercados dentro de algunos mercados. No pareceesa la mejor forma de cumplir los principios de “comercio de proximidad” que justificaban lareforma. En Zaragoza, detallistas del Mercado Central nos informaron de que Juan Roig, presidente de Mercadona, visitó el mercado acompañado por personal de PSOE y PP en el Ayuntamiento. ¿Casualidad?

Si el Mercado Central, a diferencia de muchos otros, sigue funcionando hoy para un espectrosocial muy amplio de la población, el único motivo que queda para su reforma (más allá de adaptar su infraestructura logística y mejorar su decoración) es hacer lo que se ha hecho en las principales ciudades: convertirlo en una zona de ocio que atraiga a los turistas y las clases medias/altas.

El sentido de este marketing urbano no es coherente pero sí es eficaz. Se supone (según las leyescapitalistas) que para vender más hay que ofrecer un “producto diferenciado”.

 

Pero convertir elmercado central en un producto consumible en sí mismo (y según los mismos “patrones de éxito” que en otras ciudades) no es precisamente un ejercicio de diferenciación, sino todo lo contrario: una homogeneización del producto (territorio) a través del marketing urbano que arrebata las zonas centrales de la ciudad a sus habitantes pobres para “devolverlas” a las nuevas clases medias,las clases creativas y los turistas



Sara Gonzalez


laremos también de estos procesos de resistencia. Mi trabajo se basa en un proyecto de investigación-acción con comerciantes y otros ciudadanos para la defensa del mercado de Leeds.

 A cargo de Sara González es profesora en la Escuela de Geografía de la Universidad de Leeds (Gran Bretaña)

Los Mercados tradicionales de barrio se encuentran en una encrucijada, atrapados en una doble narrativa de caída y ascenso.

Por un lado, han sido relegados a una situación residual en muchas ciudades pero son esenciales para una parte de la población en rentas bajas que depende de sus económicos precios. Por otro lado, empresas privadas y gobiernos locales lo están reinventando de cara a una clientela con más poder adquisitivo que busca una experiencia comercial local, verde, ética y “auténtica”; Es la clásica situación de un espacio al borde de la gentrificación.

 

En este seminario nos centramos en el caso de “Kirkgate Market” en Leeds, el mercado más grande del Reino Unido deteniéndonos a analizar el proceso de desinversión municipal, la exclusión de comerciantes y clientes y la reimaginación del mercado para clientes más acaudalados.

Este caso se complementa con otras experiencias de Mercados en Londres y en ciudades españolas como Madrid y Barcelona donde algunos mercados se han “renovado” desplazando a clientes y comerciantes.  

Muchos de estos, sin embargo se han organizado, en iniciativas contra la supuesta “regeneración” de sus mercados y hablaremos también de estos procesos de resistencia. Mi trabajo se basa en un proyecto de investigación-acción con comerciantes y otros ciudadanos para la defensa del mercado de Leeds.





Mercados de Madrid