Justicia de Aragón Lanuza,un linaje de magistrados al servicio del viejo reino


En 1885 la Plaza de Mercado tomó el nombre del más célebre Justicia de Aragón 

 

Lanuza, un linaje de magistrados al servicio del viejo reino

 

Al entrar en el Casco Histórico de la Inmortal Zaragoza por el puente de Santiago dejamos a la izquierda la vista de las cuatro agujas principales del Pilar, Descubrimos la inclinada torre de San Juan de los Panetes, admiramos el restaura­do torreón de La Zuda y, tras disfrutar de la mu­ralla romana, nos topamos con el Mercado Cen­tral; con el Mercado de Lanuza, en la plaza en la que la ciudad quiso perpetuar la memoria de un personaje singular en la historia de Aragón o, incluso, de un linaje de Justicias de Aragón



La Casa de los Lanuza en Zaragoza

Era a esa misma plaza donde tenia sus balcones posteriores la casa de los Lanuza en Zarago­za; el actual Colegio Notarial, residencia que fue de varios justicias, incluido Juan de Lanuza V. 

 

Algún historiador señala que desde allí pre­senció doña Catalina Ximénez de Urrea la ejecución de su hijo. La actual calle del Buen Pas­tor, lateral del edificio, era conocida como la "subidica" del Justicia

.La casa fue demolida, pues en la sentencia de Lanuza, Felipe II ordenaba derribar sus pro­piedades y sembrar sus campos de sal... Pero en lo que fue archivo del Colegio Notarial queda un sencillo artesonado en suya decoración están las armas de la familia. 

 

Es en esa misma Plaza del Mercado donde los cronistas de la época sitúan el lugar de la de­capitación de Juan de Lanuza V, tras ejercer du­rante noventa días como Justicia que, según re­seña Vicencio blasco de Lanuza

 

Es en esa misma Plaza del Mercado donde los cronistas de la época sitúan el lugar de la de­capitación de Juan de Lanuza V, tras ejercer du­rante noventa días como Justicia que, según re­seña Vicencio blasco de Lanuza

" . . . es Magistrado que Benedicto XIII le llamó el mayor del mundo y D. Hernando de Aragón, Arzo­bispo de esta Santa Iglesia y Ciudad, el Ave Fénix de los Magistrados de la tierra".

 Se denomina Plaza del Justicia (y no de la justicia ni de San Cayetano, como muchos la mal llaman) a la que confluyen las calles del Temple (por haber estado allí establecidos los templarios), Santa Isabel (en honor de la Santa Reina aragonesa, llamada en tiempos Roda y antes de los Agujeros por estas allí los fabrican­tes de agujas de la ciudad) y Buen Pastor, y es bordeada por la de la Manifestación (llamada con anterioridad de las Platerías por el gremio allí establecido), la que alberga la nueva edifica­ción de lo que fue vivienda de los Lanuza y en ella se levanta el templo de Aragón por excelen­cia: la Real Capilla de Santa Isabel de Aragón, donde reposan los restos de Juan de Lanuza V desde el 17 de octubre de 1914, siendo desde entonces su depositaria la Muy Ilustre, Antiquísima y Real Hermandad de la Preciosísima Sangre de Nuestro señor Jesucristo y Madre de Dios de Misericordia de Zaragoza.

Juan de Lanuza, Justicia de Aragón

Parece prudente centrar al lector en la figu­ra del, tristemente, más célebres de los Lanuzas Justicias: Juan de Lanuza V. 

Acusado del asesinato de Escobedo, secreta­rio de Felipe II, llevaba Antonio Pérez doce años preso en Madrid, en la casa de Benito Cisneros, en la plaza del Salvador. Había recibido tor­mento, quedándole señales en los brazos, por el juez particular nombrado por el rey, Rodrigo Vázquez de Arce.

Con la ayuda del soldado Gil de Mesa, cuyo padre era de Bubierca y del estudiante de leyes Gil González, Antonio Pérez consigue escapar acompañado de Francisco Mayorini, su com­pañero de celda. Eludieron la aduana de Arcos, consiguiendo llegar a Bubierca y más tarde a Calatayud.

En el monasterio dominico de San Pedro Mártir encuentran asilo, escudándose Antonio Pérez en que su padre, Gonzalo, era natural de Monreal de Ariza y quería acogerse al derecho de la manifestación, por lo que quedaba bajo la jurisdicción del Justicia de Aragón.

Ramón Cerdán, gobernador del reino, con numeroso séquito, llegó a Calatayud para trasla­dar a Antonio Pérez a la cárcel de los manifesta­dos, junto a la Plaza del Mercado, en Zaragoza.

 

El 24 de mayo de 1591, a pesar de todo, era trasladado Pérez a la cárcel del santo Oficio, es decir, a la Aljafería, con el consiguiente alboro­to en la ciudad. Eran, sin duda, momentos de alta tensión política y social los que se vivían en esos días en Zaragoza.

El Justicia, Juan de Lanuza IV, con sus hijos Juan y Pedro y sus lugartenientes Jerónimo Charles y Martín Bautista de Lanuza, habían ido a casa de Migo Mendoza y de la Cerda, marqués de Almenara, virrey de Aragón.

Se incorporaron más tarde Juan Gaco; el regente, Francisco To­rralba y Gerardo Clavería. Propusieron al mar­qués que huyera ante el alboroto suscitado, a lo que éste se negó, no teniendo más remedio que conducirlo preso.

Al abandonar la casa con el virrey preso, un criado de Antonio Pérez, Gil González, alertó a la multitud, que se abalanzó sobre el marqués, el Justicia y sus acompañantes.

Ambos re­cibieron importantes heridas, a consecuencia de las cuales el marqués murió en la cárcel el 6 de junio, de mucha calentura. El Justicia tuvo le­siones de consideración que fueron, sin duda, la causa de su fallecimiento el 21 de septiembre.

Antonio Pérez había sido conducido, entre­tanto, a la cárcel de la Manifestación, siempre escoltado por sus incondicionales Juan de Luna, Diego de Heredia y Martín de Lanuza, hijo del Justicia.

Ante el cadáver de su padre, entes de que fuese enterrado en el panteón familiar en el con­vento de San Francisco el día 22, juró como Jus­ticia Juan de Lanuza V.

Su primera intervención fue dictar un man­damiento mediante el que se restituía a Antonio Perez desde la de la Manifestacion, a la cárcel Oficio, en la Aljafería.

A la prisión de la plaza del Mercado, la carcel de los Manifestados, junto a la Puerta .de Toledo  había llegado el nuevo virrey, de Miguel de Santángel, Jurado de Zaragoza, el duque de Villahermosa ardes de Sástago, Aranda y Morata con buen numero de caballeros. 

Cuando Antonio Pérez iba a atravesar el umbral de la puerta, Gil de Mesa, al grito de" viva la libertad.'" , propició la huida de su ami­go Antonio Pérez, quien a su vez decía: "Con esa voz no hay nada que temer. que todo se os hará llano".

Habían escrito al rey los condes de Aranda,Sástago y Ribagorza y el duque de Villahermosa  el 10 de septiembre pidiéndole consejo en cuanto a cómo actuar en tan delicado momento, sin obtener respuesta alguna del monarca

El joven Justicia (tan sólo contaba veintisiete años) desoyó los consejos de un canónigo, un cartujo y un un noble, los mismos que le aconsejaron que no jurase su cargo sin antes hablar con el rey, que intentaron asesorarle en vano.

Había concentrado Felipe II un    importante ejercito en Ágreda, a las órdenes de Alonso de Vargas, bajo pretexto de que debía dirigirse a Furcia.

Los aragoneses eran algo incrédulos res­pecto al destino final de las tropas y no erraron. 

De Tarazona fueron los soldados a Calatayud. Estando en la antigua Bílbilis recibieron la orden del monarca de restituir en Zaragoza la  justicia en su autoridad

El Justicia, mediante declaración pública hecha el 31 de octubre, manifestó su resistencia a la entrada del ejército real en Aragón y en Zara­goza, aconsejado por sus lugartenientes.

El ejército aragonés, si es que puede llamársele así, estaba en el campo del Toro de Zaragoza. El conde de Aranda y el duque de Villahermosa picaron espuelas y huyeron hasta refugiarse en el monasterio de los Jeró­nimos, en Santa Engracia.

De allí, con la ayuda del prior, fueron a pie hasta Cuarte y después, en carro, a Muel donde el marqués de Camarasa les proporcionó mejor transporte hasta Épila.

Ya "a salvo" en casa del de Aranda, escribie­ron a Calatayud a Alonso de Vargas indicándole que no entrase en Aragón sin ellos acompañarle, sin que les atendiese, pues entró en la ciudad sin resistencia alguna.

El Justicia, conocedor de la situación, salió con mermado ejército, acompañado de Juan de Luna.

 

Al llegar a Utebo ambos dejaron a los soldados y fueron a Épila. Llegaron hasta Cala­tayud donde se entrevistaron con el marqués de Lombay y después regresaron a Zaragoza, previo paso por Épila, desde donde Lanuza y Luna es­criben cartas a los pueblos de Aragón de fechas 11 y 13 de noviembre.



Prisión y Muerte de Juan de Lanuza V

Entretanto Felipe II, asesorado de algunos letrados de su corte, envió a Zaragoza a Gómez Velázquez con órdenes bien concretas. Consistía el mandamiento que el que había sido alcaide de Almuñécar, el capitán Juan de Velasco, en nom­bre del rey, prendiese al Justicia cuando acudie­se a la misa que acostumbraba a oír en la iglesia de San Juan del Puente, tras la sesión con sus lu­gartenientes.

Cumplió fielmente su cometido. Por la puerta del Ángel, junto a la Diputación del Reino, al pie de cuya escalera fue hecho preso Juan de Lanuza V, extramuros de la ciudad fue conducido a casa del marqués de Ayerbe, Hugo de Urriés, alojamiento de Alonso de Vargas y de allí a la de Juan de Torrellas, en la plaza del Pilar, frente a la basílica, donde se había instala­do el Maestre de Campo Francisco de Bovadilla.

Al tiempo Vargas se había ocupado en cum­plir otro mandato del rey: prender al conde de Aranda y al duque de Villahermosa y trasladarlos de inmediato a Castilla. Al conde lo llevaron a La Mota, en Medina del Campo y de allí a Coca, donde murió el 3 de agosto de 1592 y al duque al castillo de Burgos y más tarde al de Miranda.

 

Varios autores relataron, en su tiempo, lo ocurrido en aquellos días en Zaragoza. Lupercio Leonardo de Argensola, en su "Información de los sucesos del reino de Aragón en los años 1590 y 1591" que escribió en 1604 y publicó en 1808 la Im­prenta Real de Madrid, escribió:

"Desta manera llego a la plaza —se refiere, sin duda, a la plaza del Mercado— estremeciendo a todos los del ejército (que de la ciudad no asistió gente a tal espectáculo), porque demás de su edad y apacible pre­sencia, que siempre en semejantes trances es más notada, asía con el mismo luto que pocos días antes había traí­do por la muerte de su padre, y sin cuello en la camisa. Cortóle el verdugo la cabeza y, con poco respeto, llegó a quitarle unas medias de seda. Pero un gobernador de una tropa del ejército, dándole con un palo, le mand&oacuteque las dexase y no tocase ni un hilo de aquel cuerpo. Después los caballeros y capitanes del ejército le lleva­ron a hombros hasta el monasterio de San Francisco, donde está su sepultura, y pocos días antes habían se­pultado a su padre. Esto pasó a 20 de diciembre del año de 1591, día cuya memoria deben los aragoneses seña­lar con piedra negra, como los del 24 de mayo y sep­tiembre, en que dieron la causa de tanto mal;".



Registrado con el número 35 de los manus­critos, se conserva en el Archivo Municipal de Zaragoza un documento de 216 páginas en folio con el título "Relación de lo que D. Francisco de Bovadilla, Maestre de Campo de Su Magestad, sir­vió en la jornada de Aragón".

 

Tras hacer pormenorizada reseña de la pri­sión del Conde de Aranda, del duque de Villa-hermosa y del propio Justicia relaciona, en doce apartados, las ubicaciones de las tropas al clare­ar el alba del 20 de diciembre. En el primero de ellos dice:

"En la Plaza del Mercado, donde es la Plaza Principal, amaneció un escuadrón grande de las tro­pas de Diego de Vargas Machuca y Francisco de Mi­randa; donde asimismo amaneció un cadalso cubierto de bayeta negra. Esa misma noche estuvieron de guar­dia en todas las calles que salían a ella para que sin­tiesen como se hacía el cadalso"".

Es, como puede verse, la versión del soldado que pormenoriza en los nombres de todos los jefes militares que mandaban las respectivas tropas.

Aclara Bovadilla la identidad de los cuatro clérigos que le asistieron en su última noche y le acompañaron al cadalso: Su confesor, el jesuita P. Ibáñez; el Dr. Mancebón, predicador del ejér­cito y los agustinos Gerónimo Aldovera y Pedro Leonardo de Argensola. Deja constancia de que el coche descubierto en que iban el Justicia y los sacerdotes fue escoltado hasta el Mercado por doce soldados coseletes, con sus alabardas. 

 

Tras reproducir el pregón mandado leer por el rey, termina lo referente al asunto que nos ocupa:

""Y habiéndole llevado a la dicha Plaza del Mer­cado y subido al cadalso, le fue cortada la cabeza en él, a las once horas antes del mediodía. Y por la tarde fue llevado a enterrar, con mucho acompañamiento de capitanes y personas principales del ejército".".

 

El canónigo Vicencio Blasco de Lanuza fue el autor de las "Historias eclesiásticas y seculares de Aragón en que se continúan los Anales de Zurita desde el año 1556 hasta el de 1618", que vieron la luz en 1622 en la imprenta de Juan de Lanaja. 

Hace el autor un relato pormenorizado de lo acaecido durante todo el día 19, con la prisión de Lanuza y los dos nobles, así como una serie de disquisiciones sobre la culpa y los culpables. Señala también que Juan de Lanuza desoyó a al­gunos asesores, como un canónigo (probable­mente él), un cartujo y una persona de la noble­za. Al contar lo acaecido en la mañana del 20 de diciembre, dice:

"Y así, llegando al Mercado y puesto de rodillas en el cadalso, que estaba de luto, y él también lo esta­ba porque lo llevaba por la muerte de su padre, vol­viendo los ojos al Cristo y después diciendo con grande devoción las palabras del Himno a la Virgen "María Mater gratiae, Mater misericordiae. Tu nos ab hoste propege et hora mortis suscipe", que fueron las últimas que pudo pronunciar".

La parroquia de San Pablo, donde se en­contraba la inscripción de su defunción en libro, desgraciadamente, desaparecido y de la que se tiene constancia por la reproducción que de ella hizo "La Derecha" el 20 de diciem­bre de 1891, pretendía acompañarle al entie­rro. También la de San Felipe quiso encargarse del cometido. Vicencio Blasco de Lanuza tiene un lapsus al señalar que se cumplió lo dispues­to por el Vicario, pues, como luego veremos, no fue así.  

 

En el archivo del Pilar se encuentra una cu­riosa nota fechada a 20 de diciembre de 1591. Sobre el 20 está escrito "ojo" y en ella se lee:"Enterraron al Justicia de Aragón. Los de San Pablo lo llevaron a San Felipe y de allí lo llevaron los de La Seo a San Francisco. De su desdichada muerte, pesó a todos"

Lo que sí señala Blasco de Lanuza con exac­titud es que:

"Las andas donde iba el cuerpo del difunto y la cabeza, llevaban el Conde de Oñate, D. Francisco de Bovadilla, D. Luis de Toledo, D. Antonio Manrique y D. Agustín Mejía y otros hombres principales, cinco en cada parte".

Este autor es quien aporta un curioso dato al señalar que Juan de Lanuza V era rubio. 

En el Armario de Privilegios, letra M, del Archivo Capitular de La Seo del Salvador de Zaragoza se conserva el libro manuscrito inédi­to "Memorias de las cosas que en la Iglesia de La Seo de Zaragoza se han ofrecido tocantes a ella desde Agosto del año 1570 hasta el año 1601, inclusive. Hecho por el Doctor Pascual Mandura, canónigo de dicha Iglesia", en cuyos folios 338v al 341 se ocupa de lo concerniente a las jornadas que nos ocupan.

Había tenido noticia el Cabildo de la pri­sión la Lanuza y sabían que los soldados impe­dían la entrada a La Seo en la mañana del día 19

" "Sabida esta novedad, ese mismo día, después de comer se tuvo Capítulo en donde se hallaron el Prior, D. Vicencio Agustín, muy sentido y casi medio des­mayado y los canónigos Otal, Mandura, Monreal, Torrellas, Sora y López. Tratóse de lo que en esta oca­sión se había que hacer y, pasando varias razones, se resolvió que no se invocase cosa alguna, porque podía ser de mucho inconveniente, y que lo mejor era enco­mendarlo a Dios con más frecuentes y fervorosas ora­ciones"

Pero la cosa no quedó así. De nuevo se reu­nió el Cabildo porque se le había pedido que a­compañase al Justicia en su entierro y decidie­ron que fuese el canónigo López a casa del Ca­pitán General, Alonso de Vargas. Después de vísperas hubo nueva sesión capitular a la que a­sistió el Dr. Mancebón enviado por Vargas. A­cordaron enterrarle gratis, como queda cons­tancia en el acta correspondiente.

 

 



A propósito del acta. Es curioso que se ta­chases, y así están en el libro original, las tres líneas del texto correspondientes al acuerdo adoptado el día 19 y se mantuviesen los del día siguiente...

"Y así el Capítulo salió al entierro a las cuatro horas y, aunque el cuerpo estaba en el distrito de San Pablo, avisó el oficial que se llevase a San Felipe... Y lo llevó el Cabildo sólo a San Francisco con la so­lemnidad y música que se acostumbra con semejantes entierros".

Como señalaba al principio, fue en la Plaza del Mercado, denominada Plaza de Lanuza desde 1885, donde se produjeron estos hechos, de triste recuerdo para Zaragoza y los zaragoza­nos; para Aragón y los aragoneses. En ese "día cuya memoria deben los aragoneses señalar con piedra negra", como escribió Argensola.

 

De Plaza del Mercado a Plaza de Lanuza 

Por privilegio de Pedro II de 16 de octubre de 1210, confirmado por Jaime I el 5 de abril de 1218, se trasladó a esta plaza el mercado que hasta entonces se ubicaba junto a la puerta Cineja.

En ella se celebraron justas, torneos, juegos de cañas y, hasta el 8 de octubre de 1764, día de la inauguración del coso de la Misericordia, co­rridas de toros, situándose la presidencia en la actual entrada a la calle de las Armas y toriles en la calle del Olmo, tabicándose el resto de las bo­cacalles para el festejo.

Era la plaza del Mercado de Zaragoza el lugar donde se llevaban a cabo las ejecuciones públicas. Además de la ya señalada de Juan de Lanuza V, hubo una destacada: La de Martín de Pertusa, Jurado Primero de la ciudad (cargo

equivalente al actual alcalde), a quien decapita­ron el 22 de junio de 1485.

No menos celebre fue el ajusticiamiento, en 1364, de Bernardo de Cabrera por instigación de los partidarios aragoneses de Enrique de Trastámara. Nacido en Calatayud en 1298, fue consejero de Pedro IV y participó en varias ex­pediciones marítimas, destacando la de Mallor­ca y la toma de Alguer (Cerdeña), en 1353, al mando de la escuadra aragonesa.

Queden aquí estas notas sobre la Plaza del Mercado de Zaragoza que guarda en su suelo si­glos de historia de nuestra Inmortal Ciudad.



Los Lanuza y la Institución del Justiciazgo

Pero esbocemos el poco más de un siglo que el linaje de los Lanuza estuvo vinculado a la alta magistratura del Justiciazgo.

Es en 1439 cuando Ferrer de Lanuza y Gil de Castro, desde hacía cinco años Baile General de Aragón, sucedió a Martín Díaz de Aux como Jus­ticia de Aragón. Era el primero de los del linaje que ocupaba tan alta magistratura, en la que per­maneció hasta 1478, que abdicó del cargo, sien­do sustituido por su hijo Juan de Lanuza y Gara­bito, primero de los de ese nombre.

Algún autor señala la coincidencia de la muerte no natural de Díaz de Aux y la de Juan de Lanuza V, tras más de un siglo de Lanuzas en el Justiciazgo.

Ante Juan de Lanuza I juró los fueros el rey Fernando el Católico el 28 de junio de 1479 (pre­cisamente el mismo día del fallecimiento de Fe­rrer de Lanuza, padre del Justicia) y dos años más tarde lo haría su esposa, Isabel, en nombre de su hijo Juan, príncipe de Asturias y de Gerona.

Tras veinte años como Justicia, y por abdi­cación, se sucedió su hijo Juan de Lanuza y Pi­mentel, Juan de Lanuza II, a quien se le llamó "el mozo" o "el menor" y no a Juan de Lanuza V como algunos autores adjudican, por haber ocu­pado la magistratura del Justiciazgo en vida de su padre. Los dos primeros "juanes" murieron ambos en Nápoles y sus cuerpos fueron trasla­dados a Zaragoza para recibir enterramiento en un panteón muy próximo a la Santa y Angélica Capilla del Pilar

No había tenido hijos varones el Justicia, por lo que le sucedió su primo Juan de Lanuza y Torrellas, tercero de los de este nombre. Era hijo de Martín Lope de Lanuza, hermano de su padre,y Grayda de Torrellas, su segunda esposa tras en­viudar de Beatriz de Bardají

 

. A Martín Lope le había concedido el rey, mediante documento fe­chado en Barcelona a 26 de junio de 1474, el privilegio de utilizar en su escudo las armas rea­les; es decir, las cuatro barras, por haber salvado la vida del monarca en una batalla. Heredó de su padre los señoríos de Bardallur y de la mitad de Plasencia. Fueron sus hijos Claudio; Jerónimo, abad que fue de San Juan de. la Peña y Grayda, del segundo matrimonio. Del primero, sólo nació Martina que casó con Francisco Fernández de Heredia, Gobernador de Aragón.

Juan de Lanuza III, Vizconde de Rueda y de Perellós, mantuvo el señorío de Bardallur y me­diante concordia con Miguel Ximénez de Urrea, Conde de Aranda, fechada a 13 de septiembre de 1528 sobre el uso de la acequia de Mareca, obtuvo la totalidad del señorío de Plasencia de Jalón.

Era aún Justicia cuando fue nombrado Vi­rrey de Aragón, el 17 de mayo de 1529, un Juan de Lanuza, mayordomo de boca de Felipe I de Aragón y II de Castilla, aún príncipe.

Casó con Beatriz de Espés, de cuyo matri­monio nacieron Ferrer, Martín, Juan y Grayda. A su muerte, el 27 de noviembre de 1532, fue enterrado también en el Pilar.

Por ser sus hijos menores le sucedió Lo­renzo Fernández de Heredia y Lanuza, hijo de Martina Lanuza y Bardají, antes citada. Fue Justicia desde el 26 de abril de 1533 hasta el 4 de mayo de 1547. Ante él juró, siendo prínci­pe, el que más tarde sería Felipe I de Aragón y II de Castilla, con ocasión de su visita a Zara­goza, en 1551, a inaugurar la Lonja.

Al alcanzar en ese 4 de mayo la mayoría de edad fue nombrado Justicia Ferrer de Lanuza y Espés, segundo de los de ese nombre, primogé­nito de Juan de Lanuza III. Fue Justicia hasta su muerte, sin haber contraído matrimonio, el 14 de marzo de 1554.

Al no tener descendencia le sucedió su her­mano Juan de Lanuza y Espés, cuarto de los de este nombre, a quien nombró Carlos I, desde Bélgica, el 16 de abril de 1554. Casó con Cata­lina Ximénez de Urrea y Toledo, hija de Miguel Ximénez de Urrea y María de Toledo, condes de Aranda.

Del matrimonio nacieron siete hermanos: Juan, Pedro, Martín, Beatriz-María, Catalina, Ana e Isabel. En el archivo del Pilar se encuen­tran las inscripciones, bautismales de Beatriz-María (23 de noviembre de 1557) y Luisa (24 de agosto de 1565). 

Martín de Lanuza y Ximénez de Urrea era Maestre de Campo del ejército de Aragón y huyó a Francia con Antonio Pérez, por lo que le fueron confiscados sus bienes, pasando, parte de ellos por donación real, al monasterio oscense de Loreto.



Se producen en mayo de 1591 las triste­mente célebres alteraciones de Zaragoza, siendo Justicia Juan de Lanuza IV.

El 24 de mayo hacen preso al Virrey, marqués de Almenara, que muere en la cárcel del reino a 6 de junio, según consta en la oportuna inscripción en el archivo del Pilar. En aquellas jornadas, de triste recuer­do, el Justicia recibe importantes lesiones que le producen la muerte el 21 de septiembre.

En la anotación de su entierro en el convento de San Francisco al día siguiente, que también se en­cuentra en el Pilar, hay constancia de que "juró su hijo por Justicia".

Se trataba de Juan de Lanuza y Ximénez de Urrea, vizconde de Rueda y de Perellós, señor de Plasencia de Jalón y de Bardallur, quien desde el 22 de septiembre al 20 de diciembre de 1591 fue Juan de Lanuza V.

Fue a su hermano Pedro a quien Felipe II de Aragón y III de Castilla concedió en 1611 el tí­tulo de Conde de Plasencia de Jalón, reponién­dole los bienes incautados a su familia en aquel desdichado diciembre de 1591, ingresando en la Orden de Caballeros de Santiago.

Pedro de Lanuza y Ximénez de Urrea casó con Luisa de Silva y Portocarrero, dama de Mar­garita de Austria. Del matrimonio nacieron Fe­rrer; Francisco y Sancha, que murieron de poca edad; María Antonia, que fue monja de Santa Inés en Zaragoza y Miguel, que murió en 1630 peleando en el Casal de Monserrat.

Ferrer de Lanuza y Silva casó con María Sanz de Latrás, hija del Conde de Atarés. A su falle­cimiento, sin descendencia, su viuda ingresó en un convento.

Se corta aquí la línea sucesoria directa de los Lanuza justicias de Aragón, pasando todos los tí­tulos a los sucesores de Claudio de Lanuza y To­rrellas, hermano que fue de Juan de Lanuza III. 

El origen de los Lanuza

A todo lo expuesto cabe añadir que el ori­gen de los Lanuza lo encontramos en el señorío de Lanux, en el Valle de Tena, conocido como la Casa de Lanuza de Aragón, correspondiendo al Condado de Bigorra.

 

Por aquel tiempo el nombre geográfico se escribe Lanuze, por galicismo, pronunciado La­nus o Lanuss. También se denominaban Lanux, expresión latina como lengua oficial de la época.

Luis de Bigorra, conde de su nombre, murió sin herederos en el año 1005, sucediéndole en el título su hermano Arnaldo y, posteriormente, García Arnaldo y Blasco Arnaldo de Bigorra, primer señor de Lanuza por concesión de su pa­riente Gisberga de Bigorra, hija de Gracinda, condesa de Bigorra y de Roger de Comenge, conde de Comerans y de Fox, que casó en 1036 con Ramiro I de Aragón.

García Blasco de Bigorra, segundo titular del señorío de Lanuza, aparece en un documen­to de 1070.

Le sucedió su hijo Roger de Bigorra y de Lanuza, de quien hay referencias escritas de 1092 y 1094. Otro de sus hijos, Beltrán, estuvo con Alfonso I en la conquista de Zaragoza y murió en 1134 en la batalla de Fraga.

 

Con posterioridad anteponen el apellido La­nuza y encontramos en documentos de 1250 a Osés de Lanuza. Su hijo Ferrer, según indican Blancas, Pedro Vitales y Latassa, estuvo en 1323 en la conquista de Cerdeña, concediéndole el rey el señorío de Alfocea, que añadía a los que ya poseía de Arguisal y Essun de Basa, en los Pirineos.

Tuvo este Ferrer dos hijos: Ferrer y Martín Lope, que heredó a su padre y hermano, y casó con Urraca Fernández de Tarba, nieta del Justi­cia de Aragón Galacián de Tarba. Pedro Vitales la llama Urraca Fernández de Jaraba, justifican­do así que se incorporasen a la Casa de Lanuza toda la hacienda de la de Jaraba.

Hijo de este matrimonio fue Martín Lope a quien se llamó Galacián de Tarba, que estuvo a favor del Conde de Urgel en tiempos del Compromiso de Caspe, por lo que Fernando I de Aragón le confiscó todos los bienes. Casó con Elvira López de Sesé, con quien tuvo a Violante Lanuza y López de Sesé (también llamada Vio­lante de Tarba).

 

Del matrimonio de ésta con Álvaro de Garabito, Baile General de Aragón, nació Inés o Violante Garabito y Lanuza, esposa que fue de Ferrer de Lanuza I.

El antes citado Ferrer, hermano de Martín Lope defendió Zaragoza frente al rey de Castilla en 1357, por orden de Pedro IV. Casó con Gala­ciana Gil de Castro, descendiente de la baronía de Castro, rama bastarda de la Casa Real de Ara­gón. Del matrimonio nacieron Ferrer, Martín y Pedro de Lanuza, siendo el primogénito, el pri­mer Justicia de Aragón de los de su linaje.